Me lo encontrè.

Como todo me sirve para explicar cosas acerca del conocimiento, lo extraje de otro blog y lo agradezco, pues lo estaba buscando hace rato.

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Dícese de una vez en que el sultán, deseoso siempre por ilustrar a su pueblo, mandó traer un elefante de la India, y para que el pánico no se apoderara de aquellas gentes que nunca habían visto un animal más grande que un caballo, mandó encerrarlo en un establo y envió, como primera providencia, a los cinco hombres más sabios de la ciudad a que lo examinaran, y seguidamente explicaran al pueblo lo que habían visto, para que fueran acostumbrándose a aquel fenómeno.

Los sabios fueron al establo a cumplir con el mandato del sultán. Era de noche y el lugar estaba a oscuras, y no tomaron la precaución de llevar lámparas con ellos. De modo que decidieron conocerlo por medio del tacto.

Cada uno de ellos, con las prisas por ser el primero en lanzar sus doctas explicaciones es a la gente palpó una parte distinta del elefante y una vez creyó saber de qué se trataba aquel fenómeno salió rápidamente a explicarlo.

– Ese animal es como una manguera –dijo aquel que tocó la trompa.

– No, no es así –replicó el que había tocado una oreja-. Es más bien como abanico.

– Ambos están locos –intervino el que sintió el lomo del elefante-. Eso es como un trono.

– Los tres están mintiendo –espetó el que había tocado una de las patas-. La única verdad es que ese animal es como una columna.

– ¡Qué equivocados están todos ustedes! – Vociferó el que tanteó uno de los colmillos–. Eso era duro y afilado como una lanza.

– Que absurdo –expresó el que palpó la cola–. Esa cosa es sólo como una cuerda parecida a una serpiente con un plumero al final para espantar moscas.

Y así comenzó una discusión acalorada entre ellos, porque todos afirmaban ser poseedores de la verdad y acusaban a los demás de locos o mentirosos. Y cada uno decidió darle un nombre distinto al elefante.

Rumí añade que si ellos hubieran llevado una vela encendida (una conciencia iluminada), no hubiesen tenido tantas diferencias de opinión entre ellos, ya que bajo la luz de la vela hubiesen podido contemplar directamente la forma completa del elefante.

La proliferación de religiones, sectas, doctrinas filosóficas y corrientes de pensamiento tiene su origen según el pensamiento sufí (que comparto) en la tendencia del ser humano a deslumbrarse cuando ha descubierto una parte de la Verdad, muchas veces por casualidad, y tratar de comunicarla a la gente de su entorno para aparecer ante ellos como más sabio e iluminado que los demás, pero sin la más mínima inquietud por pensar que lo que ha descubierto solo es una parte y que lo mejor que puede hacer es tratar de buscar el resto. Este problema afecta a la mayoría de las culturas sobre la tierra porque en la educación de los pueblos nunca que dice que la Verdad, como en la parábola de Isis y Osiris, se encuentra desmembrada y esparcida por doquier. Tal es el condicionamiento cultural de la inmensa mayoría de la humanidad que, en una discusión, sobre el tema que sea, muy pocas veces nos paramos a pensar que nuestro interlocutor puede poseer una parte de razón y nosotros otra y en vez de tratar de imponer nuestra parte, nuestro punto de vista a toda costa lo mejor que podríamos hacer es compartir.

Un ejemplo muy sencillo podría ser el de dos personas que se sientan a ambos extremos de la mesa y contemplan una botella de vino, que normalmente tiene dos etiquetas, una por cada lado. Imagínense que cada interlocutor se empeñara en sostener que la botella no tiene más que una etiqueta y que el otro está equivocado. Nos parecería pueril ¿verdad?.

No tan pueril nos resulta la intercesión de David Bohm en la controversia Einstein-Heissenberg sobre la continuidad o discontinuidad de la realidad subatómica, proponiendo su tercera vía del “Orden Implicado”. Ni tampoco lo es la mediación de Kant entre empiristas y racionalistas. Pero para elevarse por encima de la polaridad hace falta una inteligencia y un espíritu crítico muy fino y bien desarrollado, o como decimos, una educación en la libertad de pensamiento y en el estímulo de ese espíritu crítico, que es tanto más valioso como más estrictamente personal sea.

Juan Trigo. Publicado originalmente en el blog: “Una crisis es una oportunidad para el cambio”

 

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Acerca de profesordeartes

Profesor de artes, buscando la interdisciplinariedad, porque el mundo y el universo son un todo, donde las cosas van sucediendo en espiral.
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